Pirena: nieve, iglú y perros

La reportera Georgina Pujol que está haciendo sus pinito como adiestramiento canino barcelona, aprende a conducir un trineo de perros, construye un iglú y duerme en él en una de las etapas de la Pirena. La noche invernal al plan de Beret es gélida, pero en el interior del iglú no baja de cero grados. Jaume Vilalta explica a plató las razones científicas de este fenómeno.

Re-emisión 9 de mayo de 2012

Próximos programas: “Vuelve la tuberculosis?” – “El Hierro, del fuego a la vida”.

Un equipo de investigadores de una universidad de Tokyo ha descubierto que los perros tienen un sistema de circulación sanguínea muy específico. Las arterias que suministran sangre tienen unas redes con muchas venas pequeñas inter conectadas, que funcionan como un intercambiador de calor. Este mecanismo ayuda a regular la temperatura corporal del perro, a pesar de las condiciones de frío. Es el mismo sistema que tienen otros animales adaptados a las bajas temperaturas, como los pingüinos del Antártida o los delfines. En cambio, cuando las personas estamos expuestas a un clima frío se produce una vasoconstricción en las extremidades que disminuye el flujo sanguíneo y la pérdida de calor. Es la manera que tiene nuestro cuerpo de sacrificar una parte para evitar que el resto se enfríe demasiado.

En Jaume Martínez, veterinario en cabeza de la Pirena, nos ayudará a conocer más bien los huskies siberianos. Es una de las razas de perros que más se asemeja al lobo, y proviene del oeste de Siberia. Tradicionalmente, los usaban como medio de transporte con los trineos. Descubriremos que estos perros corren porque conservan el instinto primario de los lobos de cazar en mandada, a banda que son verdaderos atletas. Y a través de Lázaro Martínez, uno de los mejores múixers del mundo en la categoría de perros nórdicos, entendemos por qué engancha tanto, este deporte, hasta el punto que en Pep Parara, hace 20 años, creó la carrera de trineos Pirena. Se apasionó gracias a la lectura de “El llamamiento salvaje”, de Jack London. Él será quien le hace unas clases particulares de conducción de trineo a nuestra reportera.

Una noche al iglú:

Y finalmente, con la ayuda de David Bartra, que pertenece a la Asociación de Constructores de Iglús de Cataluña, completamos nuestra experiencia nórdica. Construiremos un iglú semiesférico en un lugar próximo al plan de Beret. E incluso lo pondremos a prueba pasando la noche. Mientras al exterior llegamos a una temperatura de 9 grados bajo cero, durmiendo tres personas conseguimos que el interior del iglú se enfría hasta los 2 grados. La reportera, después de la experiencia, asegura que “es mucho peor que dormir en una nevera (4 grados), pero se hace soportable gracias al saco de dormir de plumas de ganso que me ha dejado en Pere Renombre”. Y desde plató, en Jaume Vilalta, nos explicará por qué la temperatura del interior del iglú no baja nunca de cero grados.

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